Arturo Pérez-Reverte y el cine

Si existe un escritor español de ficciones que haya logrado la doble gloria, soñada por muchos pero alcanzada por muy pocos, del beneplácito de la crítica y los lectores, ese es Arturo Pérez-Reverte, un personaje singular, controvertido en ocasiones y dueño de una personalidad contradictoria. En realidad, lo del beneplácito de los lectores es un descarado eufemismo: le han hecho millonario, pues no hay novela suya que no conozca un éxito masivo.
De la docena larga de novelas que ha parido, siete han sido llevadas al cine, y sería exagerado afirmar que con desigual resultado: sólo Cachito, del gran Enrique Urbizu, merece la pena realmente, pues hasta La novena puerta, de un apagado Roman Polanski, flojea demasiado para tratarse, quizá, de la mejor novela de su autor. Ahora se prepara la producción de La reina del sur, sobre el narcotráfico mexicano, una de sus peores y más autocomplacientes novelas. Porque si en algo ha ganado Reverte con el tiempo ha sido en autocomplacencia y no hay duda de que ha perdido en vigor.
Es Reverte un escritor de poderoso verbo, influenciado sin complejos por Dumas (a quien quiere emular), y por otros autores como Melville, Conan-Doyle o Baroja. Pero aunque nadie duda de su capacidad de trabajo y de su ingenio, no es más que un escritor de segunda fila, y eso con manga ancha. Uno de esos escritores mimados por PRISA hasta la extenuación, quien junto con Javier Marías y con Mario Vargas Llosa, otros escritores de segunda división como él, forma el trío de oro de escritores para ALFAGUARA, un poderoso grupo editorial que intenta hacernos creer que son los herederos de Cela, Cortázar…y otros grandes a los que ellos jamás podrían alcanzar.
Su mentalidad es la del progre que oculta su condición de profundo conservadurismo (exactamente igual que Marías y Vargas Llosa, por otro lado), la del ideólogo que emplea la herramienta de la revisión histórica pareciera que para cuestionar ideas como el patriotismo, pero luego las reafirma. La del antiguo corresponsal de guerra que mientras intenta condenar el horror de la misma, se vale de ella para desarrollar sus ficciones y darles empaque. Su mentalidad reaccionaria le impide ver sus propias incoherencias, y eso es lo más grave de todo.

Le dijo Follet a un amigo suyo: “tú eres un artista, pero yo soy un profesional del mercado”, y que por eso su amigo se moría de hambre y él era multimillonario. Mayor verdad y mayor caradura imposible. Lo mismo sucede con el Follet español, Pérez-Reverte, de quien no adaptarán sus mejores trabajos, la trilogía napoleónica (El Húsar, La sombra del águila, Cabo Trafalgar), y poco le importa a él. Como poco le importan las adaptaciones que se han hecho de La tabla de flandes o de La carta esférica.
Sólo una le ha importado hasta el extremo de enfadarse con quien le llevara la contraria: Alatriste, que él defendió, nunca mejor dicho, a capa y espada. Sin darse cuenta de que estaba defendiendo lo indefendible, una de las peores películas de que hay noticia, que además contaba con un presupuesto muy elevado, y que no dio la mitad de lo esperado. Para él eso es culpa de la ignorancia y la displicencia del público español, pues es “un peliculón como no lo hubo en la historia de España”. Esto lo dice quien afirma que Río rojo es de John Ford, y quien firmó el guión de la infumable Gitano, y es que más allá de sus limitaciones y sus virtudes literarias, Reverte ejemplifica a la perfección la figura del español desacomplejado que sobre todo opina y a quien nadie puede mojar la oreja.
Resulta por tanto clarificador que este hombre sea el escritor más adaptado y prestigioso para hacer películas en esta triste España de cine: un escritor sobrevalorado y protegido por los grandes medios de comunicación, cuyas ficciones, aunque logren atrapar buen número de lectores, no se sostendrán dentro de 25 años. Pero de artistas afamados, falsos y muy cuestionables ya hemos hablado unas cuantas veces en estas páginas de Extracine.
