Jodorowsky y Moebius: Leeloo y ‘El Incal’
Si algo bueno tuvo el descalabro de DUNE, el proyecto que Alejandro Jodorowsky iba a llevar a cabo a principios de los 70, fue la impagable relación creativa que se inició entre el artista chileno y Jean Giraud Moebius. Ambos enterraron una más que posible frustración creando uno de los cómics más ricos que ha dado la sci-fi en todas sus facetas: La saga del Incal.
La historia arrancaba desde una simple anécdota hasta alcanzar dimensiones universales. Excesiva, colorista, enorme y psicotrópica en ocasiones, El Incal buceaba en lo místico y mundano de forma sobresaliente.
Como sabemos, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra así que no es de extrañar que El Incal se convirtiera en otra película (esta vez de animación) fallida. Aquí tenéis unas imágenes de lo que podría haber sido en la gran pantalla tan épico cuento (la segunda parte del vídeo pertenece a otra obra de toque Moebius: Arzach).
No se si habréis leído la obra original pero creo que el vídeo deja a las claras que existe una película en los 90, con participación del propio Moebius, que bebe directamente y de forma desvergonzada (por no admitir en ningún momento su influencia) de la saga del Incal.
La película parte igualmente de lo mundano para empezar a crecer hasta poner en jaque a todo el universo. Cuenta la misma historia de forma maquillada. Aparecen de nuevo con un sospechoso parecido la mística, las razas alienígenas milenarias, el humor, el colorido, las fuerzas oscuras y las fuerzas luminosas enfrentadas, y…bueno, un salto desde una cornisa en una ciudad con coches voladores (aunque hay que reconocer que Leeloo es con mucho más agraciada que John Difool). Con ustedes, El Quinto Elemento.
Joss Whedon y el Dr.Horrible
Debo reconocer que soy fans, en plural, de Joss Whedon. También tengo que admitir que no he visto Buffy más que en dosis sueltas, aunque algún capítulo que otro me ha parecido una pequeña genialidad, como el capítulo musical Once more, with feeling. Quizás el que no me acerque a esta obra como se merece, lejos de prejuicios establecidos por temática o casting, es decir, con un visionado cronológico y seguido, se deba a su enorme longitud. Y en parte a que ahora ando enamorado de Los Soprano. Y eso absorbe el cupo de series a largo plazo.
Mi devoción por este caballero se centra en la admiración que tengo hacia su otra gran serie, Firefly, y a su debut en la dirección con el largo que daba fin al proyecto, Serenity. Cogiendo un poco de saga galáctica a lo Star Wars, otro poco de aventura desvergonzada en estado puro (reminiscente a nivel de tono a Indiana Jones, ¡sólo en tono!) y otro poco de puro western, Whedon configuraba una historia sólida, unos personajes absolutamente inolvidables que funcionaban como engranajes de un reloj de alta precisión y un entorno interactivo lleno de detalles. Cada capítulo era una pequeña película, en la que pasaban montones de cosas, en la que cada diálogo se esperaba con ansia y al acabar dejaba un poso de satisfacción que pocas veces se encuentra. La tripulación de la Serenity eran para mí miembros de la familia.
Es por ello que la noticia de un nuevo proyecto por su parte se recibe con jolgorio y día de fiesta en el pueblo. En villa Javi, vamos. Como el estreno en breve de su nueva serie para la Fox, Dollhouse, repitiendo en terreno de ciencia ficción, o el proyecto online que ahora nos ocupa: Dr. Horrible’s Sing-Along Blog, El blog canta-con-nosotros del Dr.Horrible. Una suerte de serie friki de superhéroes de visionado web. Gratuito. Así que corriendo, que es gerundio.
Whedon, y si miras los créditos prácticamente toda su familia, nos cuentan las peripecias de un aspirante a supervillano, el Dr. Horrible (el ahora omnipresente Neil Patrick Harris), un trasunto de científico loco bastante torpe, sus esfuerzos por ingresar en la temible Liga Maligna del Mal, su archienemigo de toda la vida, el flamante Capitán Hammer (mi adorado Nathan Fillion), y su imposible romance con una chica que conoce de la lavandería, y con la que es incapaz de hablar por una timidez galopante. Ah, y mientras, ¡cantan! Lo sé, lo sé, es tremendo. Incluso muy tremendo.
Por el momento hay tres actos online, disponibles a través del blog oficial en la iTunes Store americana para quien pueda verlo por ahí, y unas versiones un poco más de andar por casa en su canal de Youtube.
Por el momento, y como muestra un botón, os dejamos con su imposible trailer:
Come on, everybody: Whedon rules!
Vía: Film Junk
‘El gran Lebowski’ - El detective deconstruido

La octava realización de los Coen, y quizá su última obra maestra, es la historia de un fumeta vago y pacífico, residente en Los Angeles, que no ha sabido reciclarse y se ha quedado en hippie eterno. Pero es un tío cabal, quizá el único de la ciudad. Así lo piensa el narrador, una figura angélica, bonachona y demiúrgica interpretada de manera inolvidable por el gran vaquero Sam Elliot.
El Nota es el único verdadero hombre de un relato que gira en torno a qué es ser un hombre, pues cada personaje de esta historia tiene su personal idea sobre ello y gusta de demostrarlo: para Walter Sobchak por ejemplo, impresionante John Goodman, ser un hombre es ser agresivo, mostrarse duro, gritar sin provocación. Pero también es un relato que juguetea y pone del revés todas las constantes y clichés del film noir, de la película detectivesca. Un rompecabezas con el Nota como heredero de Philip Marlowe.
Los Coen demostraron ser brillantísimos e inspirados sucesores del Black Mask americano, y de la literatura negra más exquisita con su Miller’s Crossing, su extraordinario homenaje al género, con la sombra de Hammet y Chandler detrás. Ya habían coqueteado con el crimen en su primera película, y volverían a hacerlo en la insuperable Fargo, en la innecesaria The Man Who Wasn’t There y en la opaca No country For Old Men. Les va el crimen.
Pero también les van las bromas. La trama criminal de El gran Lebowski empieza siendo una extorsión por deudas (con meada en alfombra), pasa a ser un secuestro, luego un robo, y termina Dios sabe dónde, en un laberinto absurdo, con toques surrealistas e imágenes lisérgicas. Y para desmadejar todo tenemos al detective de los 90, encarnado con una verdad y una belleza indescriptibles por el sinpar Jeff Bridges.
Veamos. Tenemos dos mujeres fatales. Una es la mujer-florero de un potentado (Bunny), ninfómana, ex-estrella porno y deslenguada. La otra es la hijastra del potentado (Maude), una artista conceptual que gusta de emplear sinónimos, no gusta de la ropa interior y que se expresa como una autómata. La primera será el objeto de deseo del Nota porque con hallarla gana una pasta. La otra le manejará a su antojo sin que él pueda oponer resistencia.
Tenemos un narrador que pierde el hilo de lo que dice cada veinte segundos. Tenemos un local donde se discuten las evoluciones de la trama, a modo de bar de cine negro: …una bolera. Tenemos el coche del héroe (muy a menudo inseparable del héroe, como su caballo de un jinete de western), aquí un cochambroso y cada vez más destrozado buga, auténtico leit-motiv de la trama. En su robo, tenemos a un sospechoso para que el Nota se abalance a por él con su poderío detectivesco: …un crío de 12 años que suspende en historia.
Tiene lugar un trepidante rescate…con Walter estropeándolo todo, disparando sin querer al coche del Nota. Tiene lugar una trepidante persecución, pues al Nota le sigue a todos lados un escarabajo azul conducido por un extraño…el Nota falla al querer echar su chusta ardiendo por la ventana, que acaba en sus pantalones, y para apagarla rocía su entrepierna con cerveza y con todo el jaleo se choca a 20 por hora contra un poste…
¿Y los diálogos? No serán como los de Bogart o Mitchum, pero están a la altura: eso sí, absurdos de puro encefalograma plano. Los Coen no dejan títere con cabeza. No están los tiempos para glamour. La decadencia en Los Angeles es total. El Nota es el más cabal, con eso se dice todo.
Pero estamos en la ciudad de Chinatown, de El sueño eterno. Se respira en las calles de El gran Lebowski ese pasado de leyenda. Pero el futuro es de los hippies, de los grandes de corazón, que se enfrentan a gangster como Jacki Treehorn (productor de cine porno), o a matones como los inmigrantes que le quieren cortar la tranca al Nota, unos pobres desgraciados que van por ahí con espadas y música electrónica europea. El climax de acción será una terrible pelea con ellos por salvaguardar unas carteras vacías, y con una chapucera forma de pelear.
¿Y el tipo que seguía al Nota? Pues un admirador, un detective que le tiene en un pedestal por su forma de trabajar. No es otro que el gran actor Jon Polito, y no deja de tener una coña tremenda que admire, según sus propias palabras, al Nota, por cómo enfrenta a un bando con otro (que es lo que le pasa a él en Miller’s Crossing).
Nunca los Coen se habían reído tanto de sí mismos y del género negro, tratándolo al mismo tiempo con admiración.
España se apunta a las producciones 3D
Ya hablé en mi primer día como editor de Extracine sobre la futura tendencia de la industria de Hollywood hacia la producción de películas con nuevas técnicas 3D. Pues bien, España, en una apuesta de esas de riesgo que no son muy habituales en su cine, ha decidido apuntarse a un carro que está apunto de arrancar.
The Magic Tale es el título (de clara vocación internacional) de este experimento. Escribe y dirige Jordi Llompart, autor del propio cuento en que se basa la cinta. Protagonizan esta historia de seres mágicos ambientada en la república de Namibia y en las calles de Barcelona Leonor Watling, Verónica Blume y Adrià Collado (gente guapa, qué duda cabe).
Hay que empezar a distinguir pues entre lo que llamábamos habitualmente películas 3D y este tipo de producciones. Cuando se estrenó en 1995 Toy Story el término 3D se asoció a las películas que abandonaban las dos dimensiones de los dibujos clásicos por los gráficos generados por ordenador (CGI). Estas 3D de las que hablamos aquí son las que nos hacen utilizar (por ahora) unas gafas para poder apreciar la profundidad y el volumen de personajes y escenarios. Curiosamente será la propia Toy Story, con su reestreno en salas el año que viene en 3D, la que posiblemente dispare este nuevo boom.
Vía: Leonor Watling, Verónica Blume y Adrià Collado ruedan la primera película española en 3D
Enlace: europapress
Tráiler de ‘The Birds’, analizado
Hace no mucho comentábamos aquí un trabajo experimental de Martjin Hendriks, sobre parte del metraje de la famosa cinta de horror de Hitchcock. Lo cierto es que tan extraña y sugerente película da para experimentos y para análisis de todo tipo. Pero antes que eso, los chicos de Trailers From Hell han analizado su trailer, que dicen que puede ser el más largo de la historia.
Nos habla Eli Roth, el director de la exitosa (y bastante digna) Hostel, y de otros títulos de horror bastante peores. Y la verdad es que analiza el tráiler bastante bien (lo sentimos pero es necesario un conocimiento mínimo de la lengua de los anglosajones para entenderle): es un plano en toma larga, con apenas dos o tres cortes a lo sumo, y en él Hithcock le habla a la audiencia de su película. Nada ofrece de sus imágenes hasta el final. Estamos en 1963 y esto es un marketing brillante.
Desde luego, el orondo genial era todo un personaje, y supo labrarse una inteligente imagen de cara a su público. Su flema inglesa, su hablar aséptico y pausado y el diseño de la habitación desde la que nos habla, terminan por redondear una gran broma. Y es que Hitchcock tenía mucha coña.
Enlace: Eli Roth Reviews Hitchcock’s Trailer for The Birds
Tobey Maguire y Gary Ross de nuevo juntos

Gary Ross, el nominadísimo al Oscar director/guionista de la ajustada Pleasantville y la sobrevalorada Seabiscuit, tiene dos proyectos, presumiblemente igual de nominables que los previos, en cartera. Este caballero será muchas cosas, muy discutibles, pero sí que se toma cada proyecto con mucho mimo y detalle, dejando grandes espacios entre ellos. Pero no. No es Malick.
Para Universal desarrollará The Free State of Jones, la historia real de una revolución en el Mississippi de la Guerra Civil norteamericana y su posterior reconstrucción. Poco más se conoce del proyecto, estando aún en una etapa de pre-producción bastante temprana.
Previo a ello, la misma Universal se ha interesado en Ross para llevar a la pantalla grande The Crusaders, un drama sobre el caso de Brown contra el Consejo de Educación de Topeka en 1954, cuya sentencia marcó un hito en la historia legal de E.E.U.U. al determinar que instalaciones públicas separadas para la educación de negros y blancos denegaba a los primeros el trato igualitario. Aunque como ya no sé qué es políticamente correcto y qué no, puede que esa misma frase no sea apropiada. Perdonadme. Lost in Translation.
La cinta, producida por la compañía de Ross y Tobey Maguire, estará protagonizada por este último, que por mucha araña que haga para mí siempre tendrá cara de nerd. Con lo cual no me lo creeré jamás en papeles como el de El Buen Alemán, y sí en otros como en Las Normas de la Casa de la Sidra. Todo queda en casa.
Originalmente el proyecto estaba en desarrollo por parte de New Line, antes de ser absorbida por Warner. El guión corre a cargo de Danny Strong, más conocido por pequeños papeles aquí y allá, y que cuenta en su haber con el guión de Recount, una película de televisión, de HBO pero sigue siendo televisión, sobre el recuento de votos de Florida en las elecciones del 2000 con Kevin Spacey y dirigida por Variety.
‘Taxi al lado oscuro’: defíname tortura
El género documental ha sufrido un auge en su reconocimiento popular de un tiempo a esta parte. Quizá sea cosa de los inversores privados que sostienen las propuestas de nuevas visiones sobre el medio, quizás sea efecto colateral del tsunami Michael Moore y sus polémicas/populistas propuestas que hacen mirar de nuevo al documental con otros ojos…
Sea como fuere, siempre me acerco con respeto a este tipo de cine. Hay que ser terriblemente habilidoso para no resultar pedante, maniqueo o aburrido por sosez. Y la sinceridad tiene que ser la regla de oro al rodar. Los documentales los carga el diablo. Por eso es un género que considero activo: tienes que participar de la propuesta para que ésta sea un ente cinematográficamente vivo.
Alex Gibney, director y guionista de la cinta que nos ocupa, estuvo nominado al Oscar en la categoría de mejor largo documental en 2005 por Enron, los tipos que estafaron a America, y tiene pendiente de estreno este 2008 un documental sobre la figura del periodista Hunter S. Thompson, Gonzo. Pero, en principio, y hasta la fecha, tiene ya un Oscar en su haber con esta cinta que nos ocupa.
En este viaje al lado oscuro hacemos un recorrido por los métodos de tortura empleados por los soldados estounidenses en Afganistán, Irak y Guantánamo, usando en principio como hilo conductor el triste caso de Dilawar un taxista afgano que a finales de 2002 transportaba a 3 pasajeros a la región de Khost cuando fue detenido por el ejercito de los E.E.U.U. y tras 5 días moría a causa de las heridas recibidas.
A través de los soldados acusados de perpetrar la tortura, de políticos, analistas y periodistas, contemplamos el tejido humano en el que se justifican esas acciones, los vericuetos legales de la administración Bush para eludir la Convención de Ginebra y legitimar sus decisiones, y el vacío moral que deja la guerra tras de sí.
Una cinta dura y comprometida, áspera y sin concesiones (hay imágenes que pueden dañar la sensibilidad de algún espectador despistado), auténtico cine de terror, construido en base a una exposición clara y ordenada de los hechos, que no baja el ritmo ni la guardia, y que da pie a renovar la discusión de temas que no deberían de dejar de estar nunca sobre la mesa.
Como epílogo, os dejo con el corto de Alfonso Cuarón basado en el libro de Naomi Klein The Shock Doctrine, 6 minutos demoledores, terribles, sobrecogedores:
PUNTUACIÓN: 7.5 / 10
LO MEJOR: Su desconsolada mirada sobre el absurdo humano.
LO PEOR: Que en España no pasara por salas cinematográficas, solo habiéndose podido ver en una emisión de un canal por satélite a finales de 2007. Por lo menos a la fecha de escritura de esta critica.
EL MOMENTO: Desde las fotos reales de las torturas a las declaraciones demagógicas de Bush. Ah, y que el cartel fuese censurado en Estados Unidos por considerar ofensiva la imagen de dos soldados escoltando a un prisionero con libertad coartada. Flipaaaaa.
‘The Dark Knight’ - Arrasando

El triunfo del marketing
No se veía una cosa igual desde The Lord of the Rings, en una campaña mediática aplastante y algo cansina, ayudada por factores externos (la trágica muerte de Heath Ledger, el bajo listón de las películas de Schumacher, el acierto que fue Batman Begins, la ausencia de grandes títulos veraniegos…), que ha logrado lo que muchos esperaban: un primer fin de semana asombroso en números.
155.340.000 $ es la cifra, que la convierte en la película que más ha recaudado en la historia en el primer día y en el primer fin de semana, cumpliendo las expectativas más optimistas, e incluso rebasándolas. Al mismo tiempo, Heath Ledger, al que se rumorea darán una nominación póstuma (a mí me parece difícil, pero bueno) como mejor actor secundario en los próximos premios Oscar. Todo le parece ir rodado a esta película, que se estrena en agosto en España. La pregunta ahora es: ¿podrá mantenerse en esos números sin perder un significativo tanto por ciento el siguiente fin de semana?
Se termina así el reinado efímero de Hellboy II, película que confieso no tengo la menor intención de ver, pues la primera ya me pareció demasiado sosa para un cómic tan personal, y no le tengo demasiadas esperanzas a esta. Guillermo del Toro, eso sí, cada día está más sobrevalorado, sobre todo desde la mecánica y astuta El laberinto del fauno. Su segunda película “destroza obras maestras” ha bajado, en tan sólo 9 días, de la primera posición a la quinta, lo que da una idea de su impacto entre el público.

Hellboy II, ha perdido un 70 % de taquilla, que se dice pronto, pasando de los 34 millones del fin de semana de su estreno a los 10 millones flojuchos de este fin de semana. En comparación, Hancock, que lleva una semana más en cartel, se sostiene mucho mejor.
Pero vamos a lo que importa: The Dark Knight, que se perfila hace mucho como el estreno del verano, finalmente va a serlo, y es que eso de los súper-héroes tira mucho en el cine, al parecer. Casi ha recuperado ya el pastón que ha costado, y más que va a ganar. Sin embargo, y a pesar de que le dediquemos un post a este tema, lo que verdaderamente importa es su calidad, y de eso hablaremos aquí, o hablaré yo y quizá alguno de mis compañeros, en su estreno.
Enlace: The Dark Knight
Hellboy II, de Danny Elfman
Danny Elfman es uno de los pocos compositores de marca reconocible para el gran público. El descaro de sus primeras composiciones, donde la exageración, el enfatismo casi burlesco y el colorido, dentro de lo gótico, de sus melodías eran protagonistas, marcó un refrescante hito, que lo ligó de forma inexcusable durante mucho tiempo a producciones cortadas por un mismo patrón: el fantástico oscuro y macabro.
Si bien algunas de sus mejores composiciones consiguen encuadrarse fuera de ese marco, como lo son las delicadas, evocadoras y potentes partituras de Sommersby o Black Beauty, no podremos asegurar si fue el agotamiento de ciertas fórmulas, el hastío laboral o lo que los franceses llaman un no-se-qué, Elfman llegó un punto en que estilísticamente se vino abajo. Bandas sonoras intrascendentes y planteamientos musicales anodinos, que, con ciertas irregularidades, parece que hemos pasado.
En este 2008, hasta la fecha, el bueno de Danny se ha cascado 3 bandas sonoras de desiguales resultados: los extrañamente conocidos compases Glass-ianos de Standard Operting Procedure, el frenesí adrenalínico de Wanted y ahora el poderío oscuro y mágico de Hellboy 2.
Porque sin tener la frescura de sus comienzos, por fin volvemos a tener un Elfman que usa las herramientas de antaño, pero no de la misma forma. En un par de temas convenientemente desarrollados, el potente leit-motiv que podemos apreciar en los Main Titles, y las delicadas melodías que podemos disfrutar en temas como A Big Decisión o A Dilemma, el pelirrojo destaca por el dosificado uso de la orquesta.
Con potentes percusiones, como en el tercer tema, Training, guitarras eléctricas para dar un toque más gamberro, como en el octavo, Mein Herring, combinaciones más juguetonas, más sesenteras, levemente a-lo Mancini (¡levemente! ¡no me salten al cuello!), como en el quinto, Hallway Cruise, se teje una banda sonora muy completa, que abarca un espectro narrativo y emocional vasto.
De igual forma, el coro, uno de los elementos característicos de la casa, oscila entre la potencia de una gran masa de voces mixtas, la delicada inocencia del coro infantil, la oscuridad de los bajos masculinos a la luz que proporciona la voz solista femenina del tema 11, A Troll Market.
Una banda sonora épica, poderosa y enfática, que suena a Elfman sin sonar especialmente a plagio Horneriano de nada previo, altamente disfrutable y recomendable, con momentos de absoluto festín.
PUNTUACIÓN: 7 / 10
LO MEJOR: Cuando se vuelve épica.
LO PEOR: Es buena, pero no es arrebatadora. Tiene conjunto, es divertida, pero para de contar.
TRACKLIST: 1. Introduction (03:37) 2. Hellboy II Titles (01:18) 3. Training (01:50) 4. The Auction House (02:28) 5. Hallway Cruise (01:35) 6. Where Fairies Dwell (04:16) 7. Teleplasty (01:21) 8. Mein Herring (01:05) 9. Father and Son (06:02) 10. A Link (01:29) 11. A Troll Market (01:21) 12. Market Troubles (03:41) 13. A Big Decision (01:10) 14. The Last Elemental (04:11) 15. The Spear (01:47) 16. A Dilemma (02:55) 17. Doorway (03:35) 18. A Choise (03:58) 19. In the Army Chamber (05:47) 20. Finale (03:49)
Previews en la Comic-Con’08
Con el verano llega el tiempo de las grandes convenciones de cómic estadounidenses. La reina de todas ellas es la San Diego Comic-Con, en la cual, dado lo ingentemente grande del evento, se tratan en realidad temas relacionados con cualquier aspecto del frikismo tipificado en el mundo civilizado.
Desde Entertainment Weekly nos llegan algunas de ellas, como por ejemplo un teaser poster de la nueva película de J.J.Abrams dirigiendo tras Mission Imposible III, la nueva entrega de Star Trek. El creador de Alias o Perdidos, nos trae una precuela en toda regla a la saga clásica, con los días de academia de los personajes originales. Chris “sí, hice pelis Disney con la Lohan” Pine, Zachary “malísimo de Heroes” Quinto, Zoe “quita tu culo blanco de mi cara, hermana” Saldana y, Eric “qué haces aquí, tío” Bana encabezan el reparto. Pero hay muchos más. Y conocidos. J.J.Abrams usa técnicas de guerrila turca para fichar gente.
También se han podido ver imágenes del nuevo proyecto apadrinado por Andy y Larry/Lana Wachowski, Ninja Assassin, dirigido por su machaca… digo, por su fiel colaborador, James McTeigue (conste que a mi me gusta su V de Vendetta). Escrito, entre otros, por J.M.Straczynski (Extrawisky, para los amigos), reputadísimo guionista de comics (Rising Stars, Midnight Nation, Spiderman por un tubo), creador de Babylon 5 y que se ha cascado un guionazo, según aquellos que lo han podido comprobar, para la última de tito Clint, The Changeling. Ah, la protagoniza Rain, visto en Speed Racer y Soy un cyborg últimamente. Nada que ver Lluvia Pérez, una pena. En serio.
A lo largo de la convención, Sam Raimi enseñará metraje de su último proyecto, el primero post-arácnido, Drag Me to Hell, del que os podemos enseñar la siguiente foto, patrocinada por el enjuague bucal del supermercado de al lado de mi casa. A flores huele el aliento de la señora, oiga.
Básicamente, la cinta de la problemática a la que se enfrenta Stephanie (Alison Lohman), una estirada empleada de una oficina de préstamos, que al denegarle uno a la anciana Mrs. Ganush (Lorna Raver), se ve objeto de una terrible maldición que hará las delicias de todos nosotros, espectadores ávidos del Raimi puro, durante 88 minutos.
Mucho más, en el reportaje de Entertainment Weekly.
Vía: Rotten Tomatoes
Arturo Pérez-Reverte y el cine

Si existe un escritor español de ficciones que haya logrado la doble gloria, soñada por muchos pero alcanzada por muy pocos, del beneplácito de la crítica y los lectores, ese es Arturo Pérez-Reverte, un personaje singular, controvertido en ocasiones y dueño de una personalidad contradictoria. En realidad, lo del beneplácito de los lectores es un descarado eufemismo: le han hecho millonario, pues no hay novela suya que no conozca un éxito masivo.
De la docena larga de novelas que ha parido, siete han sido llevadas al cine, y sería exagerado afirmar que con desigual resultado: sólo Cachito, del gran Enrique Urbizu, merece la pena realmente, pues hasta La novena puerta, de un apagado Roman Polanski, flojea demasiado para tratarse, quizá, de la mejor novela de su autor. Ahora se prepara la producción de La reina del sur, sobre el narcotráfico mexicano, una de sus peores y más autocomplacientes novelas. Porque si en algo ha ganado Reverte con el tiempo ha sido en autocomplacencia y no hay duda de que ha perdido en vigor.
Es Reverte un escritor de poderoso verbo, influenciado sin complejos por Dumas (a quien quiere emular), y por otros autores como Melville, Conan-Doyle o Baroja. Pero aunque nadie duda de su capacidad de trabajo y de su ingenio, no es más que un escritor de segunda fila, y eso con manga ancha. Uno de esos escritores mimados por PRISA hasta la extenuación, quien junto con Javier Marías y con Mario Vargas Llosa, otros escritores de segunda división como él, forma el trío de oro de escritores para ALFAGUARA, un poderoso grupo editorial que intenta hacernos creer que son los herederos de Cela, Cortázar…y otros grandes a los que ellos jamás podrían alcanzar.
Su mentalidad es la del progre que oculta su condición de profundo conservadurismo (exactamente igual que Marías y Vargas Llosa, por otro lado), la del ideólogo que emplea la herramienta de la revisión histórica pareciera que para cuestionar ideas como el patriotismo, pero luego las reafirma. La del antiguo corresponsal de guerra que mientras intenta condenar el horror de la misma, se vale de ella para desarrollar sus ficciones y darles empaque. Su mentalidad reaccionaria le impide ver sus propias incoherencias, y eso es lo más grave de todo.

Le dijo Follet a un amigo suyo: “tú eres un artista, pero yo soy un profesional del mercado”, y que por eso su amigo se moría de hambre y él era multimillonario. Mayor verdad y mayor caradura imposible. Lo mismo sucede con el Follet español, Pérez-Reverte, de quien no adaptarán sus mejores trabajos, la trilogía napoleónica (El Húsar, La sombra del águila, Cabo Trafalgar), y poco le importa a él. Como poco le importan las adaptaciones que se han hecho de La tabla de flandes o de La carta esférica.
Sólo una le ha importado hasta el extremo de enfadarse con quien le llevara la contraria: Alatriste, que él defendió, nunca mejor dicho, a capa y espada. Sin darse cuenta de que estaba defendiendo lo indefendible, una de las peores películas de que hay noticia, que además contaba con un presupuesto muy elevado, y que no dio la mitad de lo esperado. Para él eso es culpa de la ignorancia y la displicencia del público español, pues es “un peliculón como no lo hubo en la historia de España”. Esto lo dice quien afirma que Río rojo es de John Ford, y quien firmó el guión de la infumable Gitano, y es que más allá de sus limitaciones y sus virtudes literarias, Reverte ejemplifica a la perfección la figura del español desacomplejado que sobre todo opina y a quien nadie puede mojar la oreja.
Resulta por tanto clarificador que este hombre sea el escritor más adaptado y prestigioso para hacer películas en esta triste España de cine: un escritor sobrevalorado y protegido por los grandes medios de comunicación, cuyas ficciones, aunque logren atrapar buen número de lectores, no se sostendrán dentro de 25 años. Pero de artistas afamados, falsos y muy cuestionables ya hemos hablado unas cuantas veces en estas páginas de Extracine.
Cortos de Oscar: ‘Ryan’ & ‘The Danish Poet’
Lo comentaba hace poco: es una auténtica pena el no poder disfrutar plenamente de las joyas que uno se puede encontrar en las categorías de cortometraje, tanto de ficción, documental o animación, de cualquier edición de los Oscar. En general, es un mundillo desconocido para el gran público, en el que por supuesto hay muchas cosas que no hay por dónde cogerlas, pero cuando encuentras una maravilla… Le da sentido a la búsqueda.
En esta línea, están a disposición del gran público por un tiempo limitado, en un inglés terriblemente asequible sin subtítulos, y en una calidad mucho más que notable, dos cortos animados ganadores de la estatuilla dorada en las ediciones de 2004 y 2006: ‘Ryan’ y ‘The Danish Poet’.
‘Ryan’, obra de Chris Landreth, es un sentido y muy experimental homenaje a la figura de Ryan Larkin. Grandes amigos tiempo ha, Larkin fue el padre de un tipo de animación que hace cerca de 4 décadas marcó a toda una generación de profesionales. Tiempo después fue encontrado muerto en las calles de Toronto, y es a través de las declaraciones reales de aquellos que le conocieron como Landreth configura un análisis de la figura de su maestro, tamizándolas por un uso de la animación bastante peculiar.
Aquí, ‘Ryan’, de Chris Landreth.
Por otro lado tenemos ‘The Danish Poet’, de Torill Kove, que se beneficia de la narración íntegra por parte de la sosegante voz de Liv Ullman para contarnos una historia sobre el destino, la casualidad y la causalidad, sobre semillas en el universo que florecen y cómo las cosas pequeñas pueden ser tan grandes como el amor. O nuestro nacimiento (este corto en particular me ha arrancado las lágrimas más de una vez, porque es taaaan bonito…..).
Aquí, ‘The Danish Poet’, de Torill Kove.
No siempre tenemos la oportunidad de disfrutar placeres cortos, ajustados y que dejan un sabor de néctar en la boca. Hoy, se les presenta la oportunidad de forma doble. Les recomiendo encarecidamente que lo aprovechen.
Vía: Drawn
‘El sol del membrillo’ - La luz del mundo
Qué diferente es esto de la patraña que hace poco hemos comentado. La tercera realización en largometraje de Víctor Erice es un ejemplo de humildad, sinceridad, y principalmente de sabiduría y despojamiento estilístico.
Me atrevo a afirmar que nunca en la historia del cine hemos asistido a un acercamiento tan verdadero y emocionante del acto de la creación artística como en El sol del membrillo, película inundada de paz pero que sin embargo portadora de una mirada tensa y abrupta hacia cuestiones mayores: la dificultad del artista en crear, en capturar un momento determinado, en ser fiel a la propia inspiración; el paso inexorable, doloroso pero fascinante, del tiempo; la complejidad de la luz como ente transformador de la realidad que nos rodea…y unas cuantas cuestiones más.
Erice, apartado de la dirección de largos desde este título, hace aquí su aportación a un relato documental. Y el resultado no puede ser más emocionante.
‘The Passion of the Christ’ - Pésima colección de truculencias

Hace pocos días hablábamos aquí de Apocalypto, la cuarta y hasta la fecha última película dirigida por el hábil Mel Gibson, y afirmábamos que aquella era la película más sobria y sólida de su director. Podemos pasar ahora a la anterior suya, que vio la luz nueve años después de que Gibson recogiera el Oscar (de manera harto injusta) por su épica escocesa.
Aún recuerdo el revuelo que se organizó en todo el mundo globalizado (África, y algunas otras grandes zonas del mundo no cuentan) con el estreno de esta película. No sólo por el anuncio de una violencia descarnada y chocante (que respondía al deseo de su director de hacer justicia, cinematográficamente hablando, a la figura del hijo de su Dios), sino porque grupos importantes de judíos se manifestaban iracundos, ya qe al parecer el filme les hacía responsables a ellos del encarcelamiento y posterior ajusticiamiento del Hijo del Hombre. Ambas cosas formaron parte, en verdad, de una astuta y brillante campaña de marketing que dio lugar a una gran expectación y éxito masivo de público, que se tradujo en más de 600 millones de dólares recaudados en todo el mundo, para una producción cuyo coste se hallaba muy por debajo de la media en U.S.
Escribió Oscar Wilde en su imprescindible De Profundis:
…no hay nada que, a causa de su conmovedora sencillez, unida a la sublimidad del efecto trágico de que nace, no hay nada que pueda igualarse, ni siquiera aproximarse, al último acto de la historia de la Pasión de Cristo. Aquella simple cena, con sus discípulos, uno de los cuales ya le ha vendido por unos cuantos dineros; aquella angustia del alma en el tranquilo jardín iluminado por la luna y en el cual el falso amigo habrá de acercarse a Él para traicionarle con un beso; aquel amigo que todavía creía en Él…y que lo niega en cuanto el gallo canta el despuntar del día; aquella su soledad absoluta, aquella sumisión suya con que Él todo lo acepta…Ni en Esquilo ni en Dante, ni en Shakespeare…

Es muy cierto eso que dejó escrito Wilde desde su celda. Y nada de eso, absolutamente nada, está en la película que Mel Gibson nos hizo creer sería la definitiva acerca de la Pasión del Cristo. La cena son unos pocos planos torpes y en un teleobjetivo que nada deja ver, la espera en el jardín se asemeja a un videoclip de brillante factura pero que nada aporta, la triple negación de Pedro nos da igual. The Passion of the Christ niega el poder del cine para acercarse a un relato de la envergadura y la complejidad de este. Pero afirma la capacidad del marketing para hacerle creer a la gente que lo que va a ver representará una experiencia única, y para que persista en ellos esa certeza después de asistir a semejante náusea.
Nadie que espere ver aquí una aproximación a la que creo es la personalidad más trascendental de la humanidad de los últimos 2008 años saldrá satisfecho, porque Gibson, tras su irregular pero con algunos momentos meritorios Braveheart, se limita aquí a tejer un contínuo desmadejado, con una rutilante cinematografía de Caleb Deschanel y una sugerente aunque deshilachada partitura de John Debney, demostrando no entender nada del hombre que él cree tener el privilegio de poder retratar, ni de su muerte, ni de su sufrimiento. Católico Romano fervoroso, dijo que el Espíritu Santo le hablaba mientras preparaba la película. Algunos estamos en condiciones de afirmar que era el fanatismo y la astuta búsqueda de millones lo que le inspiraba de verdad.
Por supuesto, los buitres enfermos de hipocresía y de poder de la iglesia del Vaticano no tardaron en alabar sin medida la película de Gibson, afirmando nada menos que con ella se conocería la fé. Lo escandaloso no es tanto el tratamiento de la violencia en el filme como la forma de manipular a los espectadores. Sobre todo cuando los religiosos con dos dedos de frente deberían haber observado la forma abyecta y deprimente conque son tratados como idiotas, en un relato incapaz de sugerir (con lo fácil que era) ni de dejar emocionarse (más fácil aún) con un personaje tan carismático. Porque Jim Caviezel no compone ni da vida, se limita a ser un pegadizo monigote (particularmente icónico, de eso no hay duda), una estampita más de esta colección de estampitas.
Ni siquiera hay en ella el pretendido realismo histórico, ni la perfección en reconstruir tan importantes hechos: pues está documentado hasta la extenuación que Cristo no pendió clavado de las palmas de sus manos, algo impensable en un hombre de su tamaño, sino de sus muñecas; está documentado que no portó su propia cruz hasta el monte del Calvario, que quedará eso sí mucho más cinematográfico y representativo, sino tan solo el travesaño al que será clavado. Y bastantes cosas más. Ahora bien, no se ahorra ni un esfuerzo en mostrar toda la sangre y la carne maltratada posible, en un crescendo insufrible de salvajismo sin equivalencias.
Ahora bien ¿responde a algo ese sufrimiento? Hasta algunos católicos saben a qué puede o a qué debe responder. ¿Existe en él, en su expresión, una respuesta, un significado ulterior?. La respuesta es no. No hay aquí el menor atisbo de un viaje espiritual, que es obligado; de un viaje personal, si se quiere. Se erige así este engendro en un vehículo de la sangre por la sangre, el fanatismo por el fanatismo, todo aderezado con la mayor carencia de ritmo visual que hemos presenciado en mucho tiempo.
Algunos, muchos de ellos muy leídos o respetados cuando escriben sobre cine, consideraron temerariamente e incluso vergonzosamente, a este filme como de pura estirpe de la época muda, con una fuerza visual comparable a Murneau o Griffith. Sobre gustos no hay nada escrito, si bien de criterio solamente gozan muy pocos. La moral en el arte lo es todo, si bien hay artistas abyectos que no tienen moral. Como no la tiene un director capaz de convertir en espectáculo palomitero y terrorífico el final apasionante de una vida que cambió el mundo, por la ceguera que inocula el fanatismo y la ambición desmedidas.

‘Escondidos en Brujas’: dispara y haz turismo.
Si el género de la comedia es complicado, si es difícil recorrer los caminos del drama sin caer en el maniqueísmo, lo que vendría a ser la amalgama de ambos géneros, comedrama o dramedia, llámelo usted como mejor prefiera, es ya de una complicación formal considerable. Y precisamente, ‘Escondidos en Brujas’ es un ejemplo de cómo trabajar en esos arduos límites notablemente.
Ken (Brendan Gleeson) y Ray (Colin Farell) son dos mafiosos, más bien de medio pelo, que tras un golpe bastante chapucero, son mandados por su jefe Harry (Ralph Fiennes) a Brujas, lejos del revuelo que han causado en Londres, a la espera de nuevas órdenes. Allí, estos dos hombres de personalidades claramente contrapuestas, se conocen más profundamente mientras se acostumbran a las costumbres locales. Claro, hasta que llama Harry.
El director Martin McDonagh se estrena en el largo después de cosechar un Oscar a mejor corto de ficción con su aclamado ‘Six Shooter’, una de esas pequeñas joyas que hay que conseguir por métodos poco recomendados por Ramoncín. A la hora de enfrentarse a esta producción, de la que él mismo es el habilidoso guionista, recurre al protagonista de su corto, Glesson, un actor tremendo en cada aportación que hace, a un Farell que hace del uso cómico de sus expresiones la gran baza de su actuación, y un Fiennes pasadísimo de rosca (propongo contar cuantas veces dice “fuck” por minuto, creo que hay record aquí).
La cinta tiene una factura íntegramente de drama. Desde la sobria fotografía, la austera puesta en escena, la música compuesta por Carter Burwell, habitual compositor de Joel y Ethan Coen y especializado, ergo, en mínimas miserias humanas… Todo, menos el trailer, parecía indicar que nos íbamos a encontrar con otra cosa. Porque cuando ves ‘Escondidos en Brujas’ no tienes más remedio que reírte sonoramente. Porque los personajes son tan terriblemente humanos, tan esperpénticamente maniáticos, burros e imperfectos, que los diálogos aprovechan cada oportunidad que se presenta para sacarles punta.
No sólo la cinta está basada en un libreto escrito con mano de hierro, que no sólo se caracteriza por diálogos agudos, sino por una planificación impecable del devenir de los hechos, sino que a la hora de rodarla, el pulso de McDonagh no disminuye. Las conversaciones son dinámicas, el drama no aplasta la comedia ni viceversa y las escenas de acción sirven al sentido general de la historia.
Brujas, que genialmente se especifica en el póster americano está en Bélgica, aunque nosotros necesitemos saber en el título que lo que hace es esconderles, es el lugar idóneo para reírse con las desgracias de estos dos pobres diablos, para acompañarles en sus pequeños dolores y melancolías, y para sorprendernos con ellos en lo raro y cachondamente patético que puede ser el mundo.
PUNTUACIÓN: 7.5 / 10
LO MEJOR: Los diálogos, afiladísimos.
LO PEOR: Detalles menores altamente perdonables, de principiante.
EL MOMENTO: Casi todos los del enano, bueno, la persona bajita.
